¿Qué canción sonaba? (IV)

Hay momentos en la vida que es imposible explicar con palabras, que son cuestión de piel, te producen ese escalofrío que empieza en la nuca y te recorre la espalda, son momentos tan significativos, tan importantes que es mejor simplemente vivirlos, sin pretender adornarnos con palabras.

Déjame esta noche soñar contigo…

Tan sólo es una frase, la letra de una canción que dio lugar al germen, a la semilla del nacimiento de uno de nuestros personajes femeninos, alguien que viniera a acompañar a nuestro vampiro solitario, hastiado quizás de vagar día tras día por los siglos que iban acumulándose a sus espaldas. Marco, ese ser poderoso, capaz de poder someter a su voluntad a los miembros de su especie, quienes junto a los otros miembros del Consejo, les deben respeto y lealtad, y con la capacidad de someter también a esos humanos, a todas luces raza inferior a la suya, quienes le sirven de sustento, pero a quienes no presta mucha más atención, y viene a coincidir una noche cualquiera, en un pub cualquiera de Londres con una humana que capta su atención desde el mismo instante en que sus ojos se posan sobre ella. Y sabe que ha encontrado a su diosa, sin buscarla, no necesita nada más para saber que puede perder la cabeza por esa mujer, a quien podría quitar la vida en una fracción de segundo si se lo propusiera, fracturar su cuello, y acabar así con la tentación, con la única cosa que puede hacerle débil, y ese ser todopoderoso siente miedo, más que miedo pánico de enfrentarse a los ojos de esa joven y poder ver en ellos alguna sombra de rechazo. El todopoderoso Marco Vendel muestra así la misma debilidad que podría sentir un humano, la inseguridad, la certeza de que no puede siquiera pensar en la posibilidad de iniciar algo con ella, no sólo porque esté ancestralmente prohibido y sus leyes así lo prevean, sino porque ni siquiera puede atreverse a soñar con la posibilidad de que una mujer como ella pueda sentir algo por un ser con un corazón muerto y tan negro como la noche.

Déjame imaginarme en tus labios los míos…

Y sólo puede limitarse a eso, a quedarse con ese recuerdo, con esa fracción de segundo en que sus manos se han rozado, con ese calor que ha dejado en una pequeñísima porción de la piel de su mano, con esa fragancia que quiere atesorar para siempre en su memoria, grabar las bellas facciones de su rostro y que permanezcan para siempre en el fondo de su retina, porque está tan muerto que ni siquiera se puede permitir la posibilidad de soñar sino es despierto.

Déjame que mis manos rocen las tuyas…

Y nada más se permite Marco, nada más que ese roce, terminar su copa y salir de ese bar, sabiendo que deja atrás algo que no ha podido llegar a poseer porque ni siquiera lo ha intentado, porque le está vetado, porque él mismo ha condenado, sentenciado y ajusticiado antes llevando el cumplimiento de sus leyes hasta las últimas consecuencias. Y renuncia a un sueño sin haberlo siquiera intentado. Saber en un instante que todo lo que has anhelado siempre, sin siquiera saberlo, lo tienes ante tus ojos, notar que te quedas sin respiración cuando llevas milenios sin necesitar oxígeno, creer volver a sentir de nuevo un latido en un corazón que no palpita desde hace más de tres mil años, y que esa visión te acompañe hasta creer que pudieras morir de nuevo echando de menos algo que no has llegado a tener.

Déjame que te coma sólo con los ojos, con lo que me provocas yo me conformo…

No atreverte siquiera a soñar con la posibilidad de llegar a conseguir algo que sabes que no puedes tener, eso es lo que encierra esa preciosa canción, esa es la melodía que acompaña a Marco en su habitación de hotel, la que debería sonar en su cabeza cuando renuncia, cuando ni siquiera se atreve a pensar en una remota posibilidad de lo que podría haber sido…

Si algún día diera con la manera de hacerte mía,
siempre yo te amaría como si fuera siempre ese día,
qué bonito seria jugarse la vida, probar tu veneno,
que bonito seria arrojar al suelo la copa vacía…

Y bueno, no vamos a desvelar si logró encontrar la manera, si se atrevió a dar el paso, si dejó de lado sus convicciones, o terminó por echar un pulso al destino…
Lo cierto es que esa canción sonará más veces a lo largo de la historia, sonará más veces aunque no podáis oírla, pero acompaña a los personajes y a quienes les dan voz y alma en muchos momentos en que necesitan recordar y más que recordar sentir cómo sienten sus personajes en determinados momentos.
Soñar contigo de Zennet, nunca una canción ha podido marcar tanto una historia, qué pinchazo nos da en algún rincón del alma cada vez que la volvemos a oir.

Dejadnos que esta vez seamos nosotras quienes soñemos con tantas y tantas sensaciones que nos produce saber que esta historia nos ha traspasado y ha llegado hasta todos vosotros.

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